Alejandra Pizarnik, algunos poemas para la tarde

Sabemos que la mayoría de las notas que subimos a este blog hablan del fashion, de lo último, de lo pop y lo popular. Sin embargo queremos abrir este pequeño espacio para otras cosas que no son, digamos, de naturaleza tan material.

Es por eso que en esta primera ocación les presetaremos un par de poemas de una poeta Argentina, Alejandra Pizarnik, cuya vida fue por demás interesante. Sufrió una infancia difícil, llena de complejos. El sobrepeso, el acné, la comparación con la belleza de su hermana, el hecho de hablar un español maltrecho, con tartamudeos y acento europeo, la llevaron a una fuerte adicción a las anfetaminas. Ella habla mucho en sus textos acerca de los problemas del sueño, y la depresión, suponemos que todo está íntimamente relacionado.

Alejandra estudió filosofía y letras en la universidad de Buenos Aires y también era cercana a la pintura. Pizarnik terminó internada en un hospital psiquiátrico luego de varios intentos de suicidio, hasta que finalmente lo logró ingiriendo numerosas pastillas durante un fin de semana que tenía libre en el psiquiátrico.

Sin mayores preámbulos las dejo con un par de poemas de esta argentina, quiero que piensen un poco en los fantasmas que rondaban su vida, en cómo se asimilan estas cosas, en como uno escribe desde donde le toca vivir, tal vez así sea un poco más sencillo entender su poesía:

Caminos del espejo

I

Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

-0-

Fronteras inútiles

un lugar
no digo un espacio
hablo de
qué

hablo de lo que no es
hablo de lo que conozco

no el tiempo
sólo todos los instantes
no el amor
no

no

un lugar de ausencia
un hilo de miserable unión.

-0-

La mesa verde

El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una suerte que nadie me
ayude. Nada más peligroso, cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.

Pero a mi noche no la mata ningún sol.

¿Tendré tiempo para hacerme una máscara cuando emerja de la sombra?

Me pruebo en el lenguaje en que compruebo el peso de mis muertos.

El mar esconde sus muertos. Porque lo de abajo tiene que quedar abajo.