La canción del jueves

No sé si será que la melancolía me atrapó mientras escuchaba una canción triste, o si tengo unas ganas locas de que todos conozcan las canciones que me apasionan. Pero he decidido inventarme una sección/notadelosjueves/costumbre. Se llamará la canción del jueves y principalmente se tratará de lo que haré a continuación: en un intento desesperado por exhibirme ante el mundo, contaré una pequeña historia que surja a partir de una buena canción.

Re-Stacks – Bon Iver

Se bien que esta es más bien una banda de invierno, no por nada Bon iver viene de “bon hiver” que en francés significa buen invierno. Pero esta historia sucede en Xalapa y en pleno verano.

A causa de unos poemas que escribí y que mandé a un concurso, gané el fabuloso premio de pasar el verano estudiando. Nadie quiere pasar el verano estudiando, pero este era un curso en otra ciudad. Sería la primera vez que emprendía un viaje sola y ante la gran aventura, el pequeño detalle de que pasaría las vacaciones estudiando no pareció tan importante.

Era un curso para jóvenes bohemios que planeaban en aquellos años pasar el resto de sus vidas dedicados a la escritura. Mis padres me dejaron lagrimeando en la terminal de autobuses y en cuanto el camión empezó su marcha mi estómago ya estaba a punto de derretirse.

Como 4 horas mas tarde llegué a Xalapa y lo primero que sentí fue la humedad helada que ronda las empedradas calles de aquella cuidad. Luego vino el verdadero reto: encontrar un hotel que se ajustara a mi ajustado presupuesto.

Para no hacer el cuento largo, encontré uno que quedaba justo detrás de la catedral. Lindo, sin lujos, limpio. Además me tocó una habitación que quedaba justo al medio del patio central lo cual me pareció una señal de que los días siguientes serían maravillosos. Junto conmigo, al hotel llego un joven pequeño, realmente pequeño, con una cara bellísima y barbada. Supe desde el principio que también venía al cursito para escritores jóvenes. Esa misma noche, antes del curso, nos presentamos y pasamos horas leyéndonos el uno al otro nuestros textos y escuchando el For Emma, Forever Ago de Bon Iver una y otra vez. (Ya sé, ya sé, qué cursilería)

La noche terminó mientras nosotros caminábamos por las orillas del lago que hay en el centro de la ciudad. Horas después el curso comenzaba y conoceríamos al resto de los compañeros que habían llegado de muchos lugares de la república. Entre ellos estaba una joven, tenía la cara más impresionante que había visto, y creo que gozaba de cierto misterio que entre los huecos de mi torpeza a mi se me ha escapado siempre.

No hace falta decirles que mi enamoramiento nunca se dió. Gerardo, como se llamaba el desgarbado joven que me mostró a Bon Iver, terminó perdido entre las redes de aquella adolescente/sirena/bruja.

Años más tarde, aún recuerdo el camino de regreso a casa. La frente pegada al frío de la ventana, los árboles verdes y eternos de Veracruz, un puro que compré para mi padre llenando de olores mi nariz y Re-stacks retumbando en los audífonos.