La canción de los Jueves

Vincent Gallo-Yes, Im Lonley

Crecí en un pequeño pueblo de Morelos. Nací en el DF pero mis padres conservaban costumbres de los 60’s. Su amor por los pueblos pequeños y humildes los orilló a emprender una mudanza a la provincia. Recuerdo llegar a una casa mucho más grande que la de la ciudad, rodeada por árboles de mango.

Años después regresamos al Distrito Federal, y aunque no podría salir más a andar en bicicleta por las calles empedradas o hacer casas del árbol, la ciudad me encantó.

La vida está hecha por capítulos, y de vez en cuando algunas anécdotas se repiten como en un pequeño ciclo que se va cumpliendo cada tanto de años. Nunca dejamos la casa de provincia y cada fin de semana la carretera nos veía emprendiendo la huida de la urbe. Tarde o temprano el regreso al pueblo resultó definitivo.

Es por eso tal vez que siempre recuerdo mi vida como cachos de película, porque los viajes siempre son motivo de cambio, y los cambios siempre son motivo de películas. Vaya que viaje mucho en esos años de mi vida: trayectos cortos del pueblo a la ciudad y de regreso poblados con un soundtrack autoimpuesto llenan mi memoria. Pero claro, como en todo, hay algunos que recuerdo con especial importancia.

La preparatoria la cursé allá. Difícil pero divertido: salíamos de clases e íbamos a nadar a los ojos de agua. El problema era cuando llegaba la noche y yo tenía ganas de ir a bailar o a tomar algo y el pueblo estaba oscuro, vacío y medio muerto.

Llegó el día en que terminé la preparatoria y decidí que la Ciudad de México me esperaba. Conseguí cómo mantenerme, armé mis maletas y con los reclamos de mi madre retumbando atrás de mí, tomé el primer camión de la mañana que me llevaría de regreso a la Ciudad.

Los trayectos son algo mágico, y más aquellos que son definitivos: aunque regresara por esa carretera unos cuantos días después para visitar a mis padres, nunca volvería a ser la misma la carretera que estaba recorriendo.

El cristal medio sucio del camión, el sol muy fuerte justo al frente a mi, El iPod tocaba una canción triste pero que de alguna forma me daba mucha paz. Era como el inicio de mi propia película y quién mejor que Vincent Gallo -un hombre obsesionado con el cine que parece musicalizar su propia vida.

A partir de ese día estaría sola y me sentía sola de alguna manera, pero siempre está el futuro y ¿quién sabe? Puede ser muy bueno.

I’m always sad
When i’m lonely
I’m always sad
Sad

It could be
So nice
So nice
So nice
So nice
So nice
Nice