La canción de los Jueves

En verdad no sé como, pero ya pasó una semana desde la última vez que les conté aquí mis intimidades. Comienzo a pensar que llegará el día en que ya no se me ocurra nada que contar y entonces estaré metida en un problema, pero por lo pronto, mis años y mis desventuras me dan la oportunidad de seguir con esta sección.

Wild Beasts-All The King’s Men

Cuando tenía 10 años, mi madre solía llevarme a su escuela después de clases. Era una preparatoria peculiar, una escuela para “artistas”. Los chicos más jóvenes tenían ya unos 15 años y yo pasaba la mayor parte de mis tardes jugando con ellos, platicando con ellos y molestándolos. Había uno en especial, un tal Pablo que se veía más chico, era más serio y pintaba hermosamente.

Pasaron un par de años y él se convirtió en mi verdadero amigo, iba de visita a la casa, yo le daba a leer mis cuentos, hasta lo invité a lo que fue mi desafortunada primera Comunión. Estaba perdida.

Llegó el día en que él terminó la preparatoria (yo ya estaba en la secundaria), y se mudo a Cuernavaca para estudiar allá. Dejé de verlo por mucho tiempo.

En la vida, el azar es rey, la razón de los hechos le pertenece a un loco que carece de orden y de lógica. Digo esto porque años mas tarde, cuando entre a la preparatoria, mi madre decidió mudarse a Cuernavaca también. Para esos tiempos, Pablo era un recuerdo un tanto pálido que se revivió cuando una tarde, mientras yo esperaba mi clase de poesía parada en un balcón del Centro Morelense de las Artes, Pablo alzó los brazos en el aire del otro lado de la explanada del edifico. Imagínense lo que sentí, el sol le iluminaba en la cara, y estaba casi saltando para saludarme.

Los meses que siguieron a esa fecha estuvieron plagados de visitas a su casa, películas, carnes asadas, visitas al supermercado. Debo agregar a esto que el joven era uno de los talentos más grandes que yo haya visto.

Nunca me dijo nada, días y días juntos y nunca nos besamos. Hasta que una noche cometí mi más grave error en esa historia. Resbale en los terrenos de la tentación y la vanidad. Llegó su primo hermano, mejor amigo del alma, desde Rusia, donde estudiaba Música. Un tipo coqueto, guapo, frívolo en cuanto al amor, que me invitó a salir. Lo hice.

Aquél verano terminó con una fiesta de cumpleaños mía en la que mi mejor amiga bailaba con Pablo y yo, no sé si por despecho o por maldad, me besaba con el primo.

Nada volvió a ser lo de antes. Mi mejor amiga dejó de serlo y comenzó a salir con Pablo, el tal primo regresó a Rusia. Y yo me quedé con el corazón más roto de la historia.

Hay que confesar que a veces uno se obsesiona con las personas, los amores imposibles, vienen de esa raíz. Dejé de ver a Pablo por mucho tiempo, él regresó al DF. Yo lo visité años más tarde, como amigos que éramos y que nunca dejamos de ser.
En una ocasión, llamé a su casa. Me contestó una mujer. Entonces supe lo que pasaría por los siguientes años: estaba enamorado de otra persona, y esta vez era en serio. Entonces decidí cortar los lazos y ya no verlo más.

Fue así que un par de años después me enamoré perdidamente de otra persona, la única que ha superado mi enamoramiento fatal por Pablo. Todo es bueno ahora, y estoy segura de que seguirá así por años. Pero hace unas semanas, Facebook el exhumador de cadáveres del pasado, me trajo de vuelta a aquella mejor amiga que en mi fiesta de cumpleaños me había “Robado” al amor de juventud. Se disculpó y me explicó todo. Quedamos en volver a vernos algún día.

Yo, morbosa como siempre he sido, decidí checar si Facebook tenía a Pablo reservado para revivir mis recuerdos. Si, ahí estaba. También había una nota de su novia que mostraba una canción que no he podido dejar de escuchar desde ese día:

– o –

*Por cierto, la imágenes portada de esta nota las saqué del video de la canción, aunque preferí no ponerlo y poner uno en vivo, porque creo que siempre vale mas la pena conocer a una banda tocando en vivo.