Au revoir Galliano

Desde el viernes pasado sabíamos que la casa francesa Dior había suspendido “temporalmente” a su estrella creativa, John Galliano. ¿La razón? Los comentarios antisemitas que dijo a un par de jóvenes italianas en La Perle, un café de París. Sobran publicar las palabras exactas que el diseñador de Gibraltar propinó, pues ya han circulado en todos los medios del mundo.

La noticia puede ser triste para cualquier amante de la moda. Es nostálgico anunciar los nuevos planes de un diseñador, incluso si su salida es por razones personales, casi siempre en búsqueda de mayor libertad creativa. Me acuerdo por ejemplo de Tom Ford y Gucci en el 2004. Aquel año la marca sufrió una gran pérdida, que se notó en sucesivos cambios hasta que llagara Frida Giannini y tomara finalmente el control de la firma.

Me pregunto, ¿qué sucedería si Karl Lagerfeld abandonara Chanel? El kaiser de la moda llegó a la firma a retomar su espíritu clásico, rígido, conservador, pero dándole nuevos aires. Su sello es indiscutible, pero al final, sigue siendo Chanel. Las décadas de trabajo conjunto le han dado a la firma una simbosis que ya es parte del devenir del vestido. Ahora con Galliano, ¿no sucede casi lo mismo?, ¿no es casi imposible concebir Dior sin Galliano, que desde 1996 ha sido el encargado de la división femina de la marca?

Muchos artistas, grandes genios, han sido señalados a lo largo de la historia. Coco Chanel fue involucrada con los nazis. Picasso pintó el Guernica, pero su fama no fue la mejor entre las mujeres. De verdad, pienso que es una suerte que el mundo denuncie la intolerancia y festeje la diversidad. Qué gusto daría que todas las empresas tomaran la postura de Dior, y con la mano en la cintura sancionaran también la misoginia, el acoso y la falta de leyes laborales.

Sin justificar los hechos, no hay duda que Galliano supo manejar el nombre de Dior como director creativo. Cómo olvidar su reinterpretación del New Look, sus teatrales pasarelas en las que sus modelos apenas podían moverse y los cierres de sus desfiles, ataviado siempre con un disfraz irrevente. Su osada personalidad era parte ya de Dior y de los tiempos, como el diseñador lo fue el siglo pasado.

Natalie Portman lamentó sus palabras (de hecho dicen que cambió a última hora el vestido que usaría en los Oscar por el de Rodarte). Algunos diseñadores y editores lo han defendido (como la directora de la Vogue Italia). Otros han aumentado las denuncias en su contra, tachándolo de racista. Pero, más allá de sus lamentables palabras, Dior perdió de la manera menos afortunada a un verdadero artista del vestido.

“People in fashion all they do is go and see John Galliano theater every season. That’s what he gives them. To me, this was the same except it wasn’t in a theater or in a movie,” she said. “John lives in theater. It’s theater. It’s farce. But people in fashion don’t recognize the farce in it. All of a sudden they don’t know him. But it’s OK when it’s Mel Brooks’ ‘The Producers’ singing Springtime for Hitler.”

Patricia Field