Café con leche

Conocí a Inés hace dos años. Ella trabajaba con una amiga, en el  área gráfica de mi trabajo. Era la más peque del piso y podría decir que de las más creativas. Cantaba a todo pulmón las canciones de Blur desde temprano y hacía voces chistosas con los programadores, que cabe mencionar estaban en el polo opuesto de la oficina. Con gafas de pasta, el staff femenino adoraba sus outfits, que incluían las mallas más oríginales y las playeras más bonitas.

Inés no llegaba sola. Siempre traía consigo seres extraños, salidos de un universo que ella y su novio Roy habían construido. Su mochila venía repleta de “bastardines”, como ella los llamaba. Éstos eran montruos llenos de color, hechos de telas de manteles de otras décadas, con ojos de botones y bigotes de pintura que esperaban por alguien que los adoptara. Yo les veía cara de gatos, por lo que siempre me llevaba más de uno a mi casa, donde Coco y Lugo los hicieron sus amigos.


Los bastardines se suman a otros personajes de cuentos y stickers que Inés y Roy, mejor conocidos como Café con Leche, hacen bajo el lema “Nos gusta tanto la basura que decidimos juntarnos para hacer más…” Sus stickers eran parte del adorno de mi computadora, además de mi colección de sus cuentos y libros de juegos como Sopa aguada y Compendio de cuentos teocientíficos de breve extensión en torno a la transformación del tiempo según los mounstros de pan (por cierto, disponibles en su página web).

Ahora que el tema de la mudanza ha estado tan cercano, con mi nuevo departamento, me gustaría comprar algunos de sus  creaciones. Luego de checar su blog y ver lo que una de sus clientas ha hecho con sus obras, no dudo en hacer algo similar en  los espacios de mi casa.

Aquí el link a la página de este dúo y el de la talentosa Inés, a quien se le extraña por estos rumbos.