La canción de los Jueves

Mañana cumple años mi mejor amiga. Como es mi costumbre organizaré la fiesta en casa y eso implica muchas cosas, desde esconder a Lugo y a Coco para que no molesten a los invitados alérgicos, elegir los bocadillos, vaciar el refrigerador para llenarlo de bebidas altamente consumibles, y por supuesto la música. De eso me encanta encargarme. Llevo ya un par de días pensando muy bien qué sería bueno poner, por mi mente ha pasado de todo, música de los 70’s, house francés, Gonzales, Feist, The Rapture, Datarock, Interpol que a ella le gusta aunque yo lo odie, Beasty boys, The Whitest boy Alive, Radio Futura, Thieves like us, Caribou, Telepopmusic, The Clash, “Pervert pop song”que le gusta mucho, unas cuantas cosas salseras, la nueva canción de SebastiAn que se le gustará, Daft Punk, Cassius, Arcade Fire, Roisin Murphy, Morcheeba, Phoenix, Air, Foals, Architecture in Helsinki y un laaargo etcétera (a ella le gustan las fiestas largas) de la música de Pat.

Parte de ser un buen organizador de fiesta es irte metiendo en un mood fiestero más o menos como una semana antes, organizar alegremente provoca una fiesta alegre o sea una fiesta efectiva. Pensar en la música, indudablemente te hace bailar en el presente lo que ya irás bailando en el futuro. Creo que esto me ha ayudado a sacudirme un poco la flojera larga que traía pegada en los talones las semanas pasadas.

Me acuerdo de la primer fiesta que organicé: mi fiesta de quince años. Una maravilla de fiesta. Acababa yo de mudarme a un pueblito de Morelos, la casa de mis padres era grande y mis padres eran también bastante permisivos. Invité a medio mundo. A aquellos alumnos de mi mamá que me robaban el corazón, al muchacho moderno de la escuela de provincia que me robó el corazón, al novio de la secundaria que me robó el corazón, al primo del amigo que me robó el corazón, a todos esos y a mis amigos más cercanos que, para qué negarlo, son los verdaderos dueños de mi corazón. Mi papá llenó el refrigerador de cerveza y prendió el asador para asar carnes. Yo había pedido que así fuera, los 15 años con vals y vestidos de merengue me parecen hasta la fecha de muy mal gusto. Bailamos y bebimos hasta que se nos acabaron las ganas y al final toda la sala de mi madre era un campamento de adolescentes medio borrachos y dormidos. Todos dormidos excepto dos: el novio de la secundaria que me robó el corazón y la mejor amiga de la infancia que me rompió el corazón.

Creo que ella es la única persona que nunca he perdonado del todo, no sólo por la “traición” en mi fiesta de cumpleaños, sino porque luego, meses después, siguió viendo a mi ex novio y nunca pudo confesarmelo. No es que ahora me importe. Pero pasa que uno deja de confiar en la gente y las siguientes ocasiones uno se cacha mirándolos con los ojos entrecerrados y no es nada agradable sentirse así. El exnovio de la secundaria ahora es mi buen amigo (invitado a la fiesta de mañana) y la amiga de la infancia ya no figura en el mapa desde hace muchísimos años, ¿será que soy una rencorosa machista? Siempre me lo he preguntado, pero ante algo que se siente con tanta claridad no hay mucho que preguntarle a la cabeza.

Volviendo a aquella fiesta, y a la fiesta del viernes, tendrán algo en común: una canción. Para mis quince años, mi buen amigo Toño, me regaló un disco que incluía unas cuantas canciones que nos gustaban mucho a los dos, entre ellas estaba el fabuloso, el grande, el rey de muchas de mis fiestas: Jamiroquai. Así que como mi mood en este jueves es pre-fiestero-buena-onda, “Space Cowboy” es mi elegida como preparativo y como canción del Jueves.