La canción de los jueves

Quiero nadar. Me urge. Unos cuantos días en casa de mi mamá, con su comida deliciosa y la alberca al alcance de mis pies cansados del asfalto. Me urgen unas vacaciones. Pero vacaciones de esas en las que uno entra como en un transe de relajación máxima y ni las obligaciones más ineludibles pueden sacarte de la alberca.

Así es, necesito sol, una michelada preparada por mi papá en una mano y una alberca. No más sillas con rueditas y audífonos rescatadores del mundo espantoso del oficinismo.

Es por eso que ahora, en un momento de locura, les pido a todos ustedes que cierren los ojos, empiecen a sentir como el sol golpea sus párpados, incluso pueden ver el tono rojizo del sol a través de su piel. Nada los molesta, una pequeña brisa refresca el medio día. Nada les preocupa, la prisa ha desaparecido de su vocabulario por los siguientes días. Todo se trata de dejarse ir, como cuando uno deja que el agua lo haga flotar sin la necesidad de patalear o mover los brazos.

Ya se viene la semana santa, y aún no sé si tendré vacaciones. Espero que sí. Si es así escucharé mucho a Cornelius