La canción de los Jueves

Esta semana nació mi sobrina, la llamaron Camila y es verdaderamente perfecta. No sé si es la sangre que hace que uno se vea un poco en el otro y se identifique y ese parecido le parezca hermoso, pero de verdad, de verdad qué hermosa bebé. Larga y delgada y muy parecida a mi madre. Mi hermano, pese a que es un ogro de primera, tiene una cara de alegría impresionante. Es la segunda vez que lo veo adelantársele a mi otra hermana que sí quiere tener hijitos. (yo aún no me convenzo de que aquello de no dormir durante un año sea buena idea para mi estado de neurosis).

La primera hija de Miguel, mi hermano, es magia pura. Es una niña californiana a la que el sol le ha hecho el cabello rubio y la piel dorada: Surfea, juega whaterpolo, baila como si hubiera nacido de Michael Jackson y también canta como hija de algún negro. ¿Qué pasa con los niños norteamericanos que ya ninguno canta sin esas exóticas modulaciones que suben, bajan y giran a la Rihanna?

Vive en Santa Bárbara y no tengo mucho tiempo para visitarla y ella no viene mucho de visita después de que sus papás se divorciaron. Pero la recuerdo mucho y la quiero de más. Todo esto lo digo porque ahora que llegó la nueva Lunita, me puse a pensar que debe ser increíble ser la tía consentidora que le compra ropa padre y tenis, y le enseña a jugar poker a la sobrina como a mi me enseñaron antes, la tía de cerca, que puede ver a la sobrina cuando quiera. Ser tía y disfrutar a los chicos sin tener que echarse en hombros todos los títulos, los gastos, los insomnios y demás.

Esta es una semana festiva, una buena semana. Y estoy de buen humor. Mientras iba camino a conocer a Camila, escuchaba el último disco de Deerhoof, así que de alguna forma es parte de las buenas nuevas de la semana. Por eso los escojo como la canción de la semana: