La canción de los Jueves

Los amores imposibles son algo que alimenta una buena adolescencia. Sobre todo es importante no perderse el estar enamorada de alguien más grande que te ve con cara de ternura y se siente muy halagado por tu aprecio. Pasa y pasa mucho. Digamos que es todo un clásico de la pubertad.

Pero cuando una está más grandecita, y aún recuerda con nostalgia el amor pasado, sucede a veces que la vida da una vuelta y te toca a ti ser la desalmada que no corresponde al amor que un joven te da. ¿Les ha pasado?

Sé de alguien que no hizo caso al casi niño que le declaró su amor alguna vez y cuando pasaron los años descubrió que era el hombre de sus sueños, o quizá no, pero sí era muy guapo.

El problema en todo esto, y en el amor en general, es el orgullo. Cuando el orgullo falla o se ve agredido es buena tierra para que germinen los rencores o la sed de venganzas inocentes, muy sensuales, casi angélicas: No voy a hacerte caso ahora que me quieres porque tú no lo hiciste antes y eso dolió mucho.

Pero está también el tiempo y lo que hace sólo, y el cómo nos cambia y vuelve a las personas incompatibles; de los amigos, de los amantes, de la familia, nos separa.

Habríamos de tener cuidado, la vida es un círculo medio aburrido en el que todo se repite, sólo que a veces regresan invertidas las cosas.

Les dejo una canción, que si bien no habla exclusivamente de este tema, podría quedarle como anillo al dedo a quien esté pasando por esto.