La canción de los Jueves

Hay historias de amor que parecen absolutamente irreales. Hace unos meses era mi vecina una muchacha por demás genial, diseñadora, con un gusto absurdo para vestir, inteligente, pero lo más increíble de ella era que siempre estaba moviéndose, haciendo algo, pintaba, hacía grafiti, andaba en bici para todas partes.

Me mude de casa y dejé de verla tan seguido. Regresé hace un par de semanas a visitar y me contó que se casa. Así, un par de meses sin verla y el amor le dio tan duro en la cabeza que está lista para casarse con un joven español que, en sus palabras, suena como todo un sueño: pintor, chef, famoso, guapo, sencillo, divertido, inteligente y muy muy detallista. El tipo llevaba años tratando de conquistarla, le mandaba flores a través del mar, de España a México y le dedicaba murales enteros.

Ayer estaba viendo unas fotos de la feliz pareja y me dio muchísimo gusto por mi amiga. Y también me puse a pensar que muchas podrían envidiar su caso, pero lo cierto es que no hay un ideal, una guía universal del amor. Cada quién busca y encuentra y forma lo que necesita.

A lo que voy es a que aunque suene a cuento de hadas la historia de mi amiga, no la cambiaría jamás por mí cuento de hadas. Es fácil engañarse pensando que hay una historia perfecta, un circulo completo al que no le sobra ni le falta nada. Pero la realidad es que los bordes, las rebabas, las peleas, son la imagen de la perfección en cuanto a relaciones, el extra que nos da ser humanos, lo especial que nos da ser distintos.

No creo mucho en las historias de amor salidas de un molde, creo en las historias de amor caóticas, excitantes, desesperadas, desperfectas, y humanas. Aunque está increíble ver que las historias a la Woody Allen a veces se hacen realidad a la vuelta de la esquina.

Este mundo nuestro es una cursilería.


Canción: Koop Island Blues de Koop