La canción de los jueves

Hoy es cumpleaños de una de las mejores amigas que he tenido en la vida, se llama Tonalli, y no voy a poder verla para festejar. Y agregándole más lluvia a los charcos, hoy tiene función de flamenco, me invitó desde hace meses y no voy a poder ir.

Nunca he faltado a su cumpleaños, aunque en los últimos años no la he visto más que los 7 de julio. Honestamente no sé qué signifique que hoy no pueda llegar, ¿significa que ya somos adultos y que la rutina nos separa? ¿significa que no planee bien mis tiempos y que la estoy sacrificando a ella, mi amiga del pasado, por mi vida de ahora, con novio, trabajo y otras responsabilidades (como Lugo, que necesita una gatita con urgencia médica)? ¿O significa esto un final involuntario para nuestra amistad?

Yo quiero verlo como un aviso, como un límite que cuando rebasas hace sonar la alarma para que regreses un poco o para que bajes la velocidad. Es fácil girar hacia la tragedia, es muy fácil decir “se acabó” y alejarse. Por eso terminamos con tan pocos amigos, ¿dónde quedaron los amigos de la primaria, los de la secundaria, los amigos de la privada donde creciste y de donde te mudaste a los 13 años? ¿es tan fácil olvidar a los amigos?

Es bueno ser entregado a lo que haces, a tu carrera, a tu trabajo, a tu pareja, pero no hay que olvidar todo lo que sucedió antes, que poco a poco te dirigió hacia donde estás parado. Porque olvidarnos de eso, de las personas que nos acompañaron antes, es olvidarnos de quienes fuimos y por lo tanto de quienes somos.

Me odio por haber faltado al cumpleaños de mi Tonalli, pero agradezco que esto pasara para darme cuenta de que debo buscarla más y hacer un espacio para todos lo que han estado conmigo antes.

Esta canción va por ella, porque le gusta mucho, y pues ¡Feliz cumpleaños, Tona querida!