Quiero regresar a la escuela :(

Un amigo acaba de entrar a la universidad. Me da mucho gusto por él; fue un triunfo muy personal y que consiguió solo. Desde que supo la noticia no dejaba de darnos “santo y seña” de los trámites que seguían, de revisar la página de su nueva escuela para asegurarse que había sido aceptado. Y aunque yo no soy vieja, debo de aclararlo, sentí nostalgia de mi época de estudiante.

Cumplía con el cliché que busca el consumismo. Unas semanas antes de arrancar las clases gustaba de comprarme ropa nueva o, en los peores tiempos financieros de la familia, “por lo menos” algo que estrenar. Mi euforia por verme diferente no fue limitada por los uniformes; buscaba un nuevo adorno para el cabello, un par de aretes originales, los zapatos de moda.  Recuerdo haber cambiado las agujetas de mis zapatos por un listón negro transparente, parecido a la gasa. Aunque ahora podría decir que me veía ridícula, adoraba que todas envidiaban mi valor y hasta copiaran este detalle.

El hábito de leer lo tuve desde pequeña, así como el de investigar en libros sobre lo que me interesara. Los cuadernos de mis materias favoritas estaban forrados de forma especial, así como sus libros de texto. Pasé por la búsqueda frenética de papeles y telas estampados para éstos, hasta el clásico collage adolescente, con Chris Martin adornando mis últimos cuadernos de la Secundaria.

En mis últimos años de universidad pensaba que la escuela era un mero trámite. Comencé a trabajar, y peor aún, en la política. Creía que mis compañeros eran mucho más interesantes que mis amigos universitarios, quienes todavía disfrutaban haciendo fiestas después de clases cuando yo ya salía con mis compañeros que bebían whisky en lugar de cerveza.

Ahora, en el trabajo, recuerdo lo divertido, seguro y confortable que era ir a la escuela. Extraño el pasar una materia haciendo un simple examen, escribiendo un ensayo, no faltando a clases, así como el drama con mis amigos, con mis miedos, mis angustias que se reducían a conseguir lugar en un horario que se acomodara con el de mi mejor amiga, mi novio o alguien que me gustara.

Extraño la sensación de querer forrar mis cuadernos, sobre todo cuando veo las propuestas de Tavi Gevinson del año pasado, para adornar algunos folders de sus materias…