La canción de los Jueves

Todo el mundo es reemplazable. Lo único que no es reemplazable es el ánimo y el ímpetu de los primero días. ¿Te acuerdas de las mariposas primerisas de cuando lo besaste? Evocar los primeros días siempre nos hará revivir el impulso primero, el clavado que avanzó lo de tres brazadas en un salto. Luego comenzarán a detenerse los músculos, y los pies buscarán un nuevo sitio a donde lanzar al cuerpo.

Sé bien que si me voy ahora, que si lo dejo todo y me voy a buscar un nuevo impulso, detrás de mí estará incluso mi sombra esperando para tomar mi lugar. Esta vida es una cadena sin final, al eslabón más grande le sigue uno más chico, que otro más pequeño verá como el más grande y todo es un ir y venir de canicas que buscan encontrar un lugar para llevarse el mejor premio de la feria.

Este extraño gusto por lo nuevo le ha mordido el cuello a mi rutina.

Es muy raro darte cuenta de que no te necesitan, y es aún peor darte cuenta de que has dejado de necesitar algo que antes te gustaba. Todo esto sólo me hace pensar que alguien, allá en las orillas del tiempo, debió pensar que en la vida debía haber espacio para todos, para los sedentarios y los nómadas, para los desesperados y para los que nada los rosa porque son demasiado buenos.

Tan lindo que sería agarrar las maletas y largarnos sin temer por la noche siguiente. Quiero Altamar.