Algunos poemas de Robin Myers

Robin Myers

Este sábado tuve la oportunidad de conocer a una joven poeta norteamericana que habla tan bien el español que es traductora. Ha acercado al ingles a poetas tan importantes como Cernuda o Gonzalo Rojas. Eso sin contar que es una poeta sutil y rara y espesa y franca. Además, es encantadoramente misteriosa y jóven.

Les dejo aquí un par de poemas de Robin Myers:

Luz

“Yo creo que al final es todo luz; creo que es aire”
(Larry Levis)

Yo creo que al final es todo luz. Pero no, finalmente,

porque sea algo hermoso o temporario, ni siquiera solemne. Una vez,

con un hombre del que estaba enamorada, fuimos al bosque a caminar y de repente se largó a llover.

No estaba en nuestros planes. Pero a él le encantó; es que era de Wyoming,

y estaba acostumbrado a amar aquellas cosas que el mundo decidía que él podía manejar sin previo aviso.

Sacudía los árboles la lluvia. Convertía el sendero en un riachuelo, levantaba la tierra,

y a mí me parecía que jamás volvería a estar seca. Pero cuando llegamos hasta un risco

y miramos abajo, en dirección al valle, vimos que el sol se abría paso a través de las nubes

que antes lo ocultaban: súbitamente, la tormenta era una tormenta de luz.

Se tiñó todo el valle de un naranja profundo, los árboles brillaban doblemente:

antes por el otoño, ahora por el sol. El hombre

contemplaba, asombrado, el barro reluciente ante nosotros.

Yo creo que al final es todo luz, pero no porque cambie lo que toca.

Yo creo que él creía que estar ahí

nos convertía a ambos en parte del paisaje –y me tocó la cara,

donde tenía lluvia todavía, y quizá algo de luz-; y también me parece que creía

que de algún modo éramos responsables, en el sentido, al menos, de que siempre

lo somos de las cosas que decidimos ver. Yo creo que al final es todo luz,

no, sin embargo, porque nos bendiga o nos borre: sentí, al bajar

por la ladera, una especie de incómoda ternura por el cuerpo

que tenía a mi lado, este hombre cuya mano había tocado mi piel,

como si de verdad todo esto se tratara de su mano y mi piel; cuyo amor por el mundo

siempre será más fuerte cuando posa sus ojos sobre él y mira cómo el sol

resalta todo aquello que él sabe verdadero. Pasamos por al lado de un arroyo

salpicado por esquirlas de luz, como si fueran peces.

Vimos la luz filtrarse por el aire. Y así vimos el aire. Yo pienso que al final es todo luz, pero tan sólo

porque no guarda relación alguna con nosotros, no nos puede ayudar,

tan sólo iluminarnos, de la misma manera en que ilumina una fila de árboles,

una ruta desierta, sábanas arrugadas al amanecer tras la partida del amante.

Pienso que todo es luz, porque nos encendemos y después nos apagamos,

luego nos encendemos otra vez, le demos importancia

o no a ese hecho. Porque no. No podemos.

-o-

Lo demás

¿De qué se trata en realidad, esta necesidad de compararlo todo,

de hacer que cada cosa se parezca a otra cosa, de abrirse paso a fuerza de metáforas]

hacia un tipo de calma que no sea parecida a un andamio construido alrededor del aire, sino concretamente eso?]

Me senté en una iglesia en Masaya, Nicaragua, mientras caía la tarde,

elegí el banco por la forma en que la luz bañaba el suelo, filtrándose a través]

de los vitrales con reflejos rojos.

Pensaba, al observarla, que esa luz se parecía un poco a una mancha de sangre]

que se fuera extendiendo sobre algo blando y luego se la dejara al sol; quizá se pareciera más]

al agua de sandía derramada sobre sábanas blancas. Pero al final,

honestamente, se parecía más a una luz roja reflejada en el suelo de una iglesia en Masaya, Nicaragua,]

mientras caía la tarde. Y te pido perdón por apartar esa luz de sí misma,]

por anunciarte que esta noche la luna es más delgada que una moneda sumergida en agua,]

por decirte que cuando te reís te parecés a un fósforo al momento de encenderse.]

Yo, si pudiera, viviría de un fogonazo cegador a otro,

si aquello no entrañara alguna forma de desesperación, un debilitamiento

de la fe, si es que puedo tomar prestada esa metáfora; un desarmarnos a nosotros mismos como un

rompecabezas,]

junto con cada vínculo que establecemos y pedimos; la plenitud, sin duda,]

es algo secundario y más penoso. Puesto que cada vez que respiramos

es en verdad igual a la vez anterior; caso contrario, tengo que creer

que eso que se transmite, se comparte, o al menos se recuerda, es hacia dónde va esa respiración,]

por qué sucede, por qué la necesito; es todo, todo lo demás.