La canción de los Jueves

Es jueves de nuevo, y no sentí la semana en absoluto. Fue una semana difícil, con muchos cambios, de pronto me quedé muy sola y ahora estoy por primera vez en mi vida en Monterrey (Qué gente tan fashion vive por acá).

Vine para el Festival de Cine Internacional de Monterrey, hoy por la noche habrá una alfombra roja, y bueno, estaré al pendiente por si hay algunos looks que puedan interesarnos. Por otra parte, camino para acá tuve una revelación y para contarselas debo hacer una confesión importante: nunca antes me había subido a un avión. Fue mi primera vez.

Es muy cursi volar. Es casi algodón de azucar en una feria de los años 70’s. Todo lo que a uno le viene a la mente es majestuoso, espectacular, todo es llamativo, diminuto aquello que dejas detras y magno el mundo. Es como si al ver las cosas de lejos, firmaras en tu mente una carta aceptando que eres pieza de rompecabezas.

No vino el miedo de volar, ni el pavor por la caida, fue casi natural, casi como si hubiera estado mi cuerpo hecho para estar suspendido. Por momentos me olvidé del armatoste que me sostenía en el aire, los miles de litros de gasolina, las turbinas feroces en su trote absurdo, los alerones que parecen de cartón contra el viento.

Era yo, sola, lejos, comenzando una vida en los aires. Las nubes tan tenebrosas, engañando a mis ojos, diciendo ven, ven, podrás pararte sobre nosotras, te sostendremos, abajo de ellas, la ciudad, y el campo, y lejos, muy lejos, un brillo gris, que quiero creer, era el mar.

¿Será que luego de esta primera vez, perderán su magnificencia los aviones?¿será que me acostumbraré a ellos, a su magia?