La canción de los jueves

Héctor Brindis

La incertidumbre es una sensación insoportable. En ocasiones me atrapa, viene, cubre todo de una neblina espesa compuesta de especulaciones, nostalgias, desvaríos, interrogantes y discrepancias que, de un momento a otro, simplemente se va. Como si alguien encendiera un ventilador que aleja el humo hacia el olvido de manera temporal. Me ha pasado desde que cumplí 20 años. Le llamé «La crisis de los veintes». No sé si sea curable, lo que sí sé es que es intermitente. No estoy segura de que alguien más la padezca y es que esto no es algo de lo que platique con todo mundo.

¿Qué tanto de la vida estaré viviendo? Es decir, ¿aprovecho cada minuto de mi existencia realmente? ¿Qué pasará cuando mi cabello sea plateado? Cuando mire pecas en mis manos, cuando mis nudillos estén retorcidos de tanto haberse aferrado a la juventud, o cuando necesite ayuda para levantarme de mi asiento, ¿qué pasará? O, mejor dicho, ¿qué pensaré?.

Ahí está de nuevo. Pareciera inhalar la angustia que trae consigo la bruma y el temor que me da estar parada en medio del vacío. Trato de concentrarme en las veces que logro disiparla y descubro que la única forma de hacerlo es pensar en lo que he hecho hasta hoy. Lo consigo. La niebla se va.

Quizá, como dicen, el pasado sea un artefacto que funge como observatorio hacia el futuro, aunque este luzca algo borroso. Me reconforta pensar que no soy la única que se ha sentido oprimida por lo imponente del infinito, que no es necesario realizar grandes proezas para sentirse vivo, que el miedo a dar un paso más es lo que le da sentido al día con día y me valgo de mi condición de ser humano para aceptar el temor.

Sé que en algún momento, cuando me encuentre a solas en mi habitación, la incertidumbre volverá. Tal vez no sea tan malo, porque haré un esfuerzo por revivir los momentos que me han llevado por el sendero que llamo vida y entonces surgirá una última pregunta: ¿Qué mejor manera de aprovechar el día que superando mis propias barreras?

A Real Hero, a cargo de College y Electric Youth, es un elemento del soundtrack de una de mis películas favoritas: Drive, que nos muestra a un héroe bastante humano. Esta canción refleja en gran medida lo que siento. Puede ser que yo me haya encargado de adaptarla a mí y que hoy sirva perfecto para musicalizar lo que me he atrevido a confesarles en este espacio.