Madonna en México

Héctor Brindis

Mi vida siempre ha estado acompañada de música. Hay canciones hasta en mis recuerdos más antiguos. Confieso que a veces me asusta un poco pensar lo mucho que ha cambiado la música en el tiempo que yo llevo de vida. Pareciera que he vivido mucho tiempo y a mí me sigue pareciendo a penas más que un parpadeo.

Recuerdo que en casa de mis padres casi siempre había música sonando, sobre todo cuando papá estaba en casa. Supongo que a mi madre le daba alegría y le recibía con la música del momento, era para ella como un festejo o celebración. Para mí también lo era. Escuchaba de todo con mis viejos. Me gustaba porque cada canción vieja que sonaba, venía acompañada de alguna antigua anécdota. Por otro lado, cuando escuchábamos una melodía nueva (porque también solíamos encender la radio) que nos llamara la atención, debíamos permanecer en silencio hasta que esta terminara y, entonces, emitir nuestras opiniones. Ahora que lo pienso, mis padres me enseñaron a escuchar.

Yo tenía como 4 años cuando, en una de esas tardes de sentarnos a escuchar el radio, apareció Like A Prayer. El momento no lo recuerdo muy bien, pero después me contó mi mamá que sin decir nada comencé a bailar en mi lugar. Al terminar la canción, sólo comenté “¿Cómo se llama esa canción, mamá? Me gusta. Me gusta mucho” ella me respondió: “Like A Prayer. Es de Madonna“. De ahí en adelante, en cada cumpleaños papá me traía de los lugares a los que viajaba un CD o single de Madonna en ediciones raras. Me volví fan. Muy fan.

Hasta la pubertad siguió mi euforia por la reina del pop. A los 16 pensé que ya era bastante grande. Iba en la prepa, era momento de dejar de intentar aprenderme sus coreografías.

Lo cierto es que siempre seguí de cerca los pasos de la camaleónica ojiverde oriunda de Michigan. La hemos visto rubia platinada, morena, con el cabello corto, largo, ondulado, lacio… siempre guapa y controvertida. Una de las cosas por las que la admiro es por siempre marcar tendencia en la moda y, más aún, en el universo del pop.

Mi cumpleaños se acerca. Parece que en esas fechas mis padres saldrán de viaje, por lo que no podrán venir a visitarme y partir el habitual pastel de crema de cacahuate de la abuela. Recibí un SMS de mi papá: “Hija, estoy en México, con mamá. Te esperamos para comer. Papá”. No falté a mi cita.

Como era de esperarse, la música salía por las puertas y ventanas de la casa. La costumbre de mi madre no ha cambiado ni un poco. Entré y conviví con ellos un buen rato, compartimos los platillos tradicionales de la familia, bebimos una copa de vino tinto y partimos una tarta con motivo de mi cumpleaños. Papá quería hablar. Citaría sus palabras, pero el día está muy bonito como para llorar. En pocas palabras, me dijo que, aunque yo ya hubiera crecido, para él siempre sería la niña que bailaba al ritmo de las canciones de Madonna. “Y, como se trata de una ocasión especial…”

Me obsequió dos boletos para un concierto de Madonna este fin de semana. Y, la verdad, ¡no quepo en mí de la emoción! Mi ídolo de la infancia se presentará en el Foro Sol este 24 y 25 de noviembre, con su tour “MDNA”.

Es la tercera vez que la artista visita nuestro país. La primera vez, con su gira Girly Show, (concierto al que no pude asistir porque fui abatida por la varicela en el ’93) y con Sticky & Sweet, para la que no alcancé boletos (y es que rompió récord vendiendo sus dos fechas en veinticinco minutos). ¡No puedo esperar a que sea sábado! Les dejo el video más reciente de la cantante, en el que, por cierto, nos demuestra que sólo Madonna puede permanecer “on top of the world” el tiempo suficiente para marcar una tendencia, que ésta pase de moda y retomarla 20 años después, cuando todo mundo intenta imitarla. (¿Me estás oyendo? Lady Gaga?)