Un detalle dulce para recordar

Héctor Brindis

Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar a mi querida abuelita. Pasar la tarde en su casa es como viajar en el tiempo. La decoración y los muebles han sido los mismos desde hace cuarenta años o más. Aún con las necesarias reparaciones que trae consigo el tiempo, la casa de mi abuela tiene el mismo aspecto desde que puedo recordar.

Lámparas de cristal que cuelgan de los altos techos, las cortinas volando por el viento que se cuela por el ventanal que lleva al jardín trasero, el resonar de los zapatos de mi abuela sobre el piso de madera, las figurillas de porcelana que adornan la mesita de la sala de estar y el papel tapiz de las paredes que, aunque parece intacto, ya despide un aroma peculiar. Supongo que ese aroma es resultado de haber visto pasar años de vivencias, visitas e historias de vida.

Cada rincón u objeto de esa casa guarda un misterio o un relato que la abuela siempre estaría feliz de contar.

Sentada en el viejo comedor para doce personas y recordando las reuniones familiares, hojeaba un álbum de fotos que encontré en un librero del estudio del abuelo. Me entretiene mucho imaginar la situación en la que fueron tomadas todas las fotografías. En mi imaginación, los pequeños rectángulos se convierten en pantallas que muestran el fragmento de una película que se congela en una sonrisa o un abrazo, un momento cómico o un evento para recordar que permanece ahí, por siempre.

De pronto, al dar vuelta a una página, a la mitad del álbum, encontré una foto que me causó un nudo en la garganta: sentada justo en la silla en la que me encontraba ahora, aparecía yo, celebrando mi tercer cumpleaños (lo sé por que sobre el pastel había una vela en forma de un colorido número tres, no soy muy buena para calcular las edades de los niños). Entonces, la abuela pasó frente a mí. Con un sombrerito de paja, guantes de plástico y sosteniendo un par de regaderas en ambas manos, me invitó al jardín a ayudarle a regar las plantas. Contemplé la imagen un momento más y me dispuse a acompañarla.

Mientras terminaba de regar los jazmines, le comenté a mi abuela sobre la foto que acababa de ver. Como me lo esperaba, comenzó a relatarme la historia sobre aquel cumpleaños. “Tu abuelo acababa de volver de un viaje que hizo a Argentina. Había enfermado. Pescó un resfriado que lo mantuvo en cama por varios días. No pudimos salir de casa, así que yo misma horneé tu pastel. ¿Recuerdas? ¡Pero cómo no te vas a acordar, si casi lo terminaste tú sola!”
Era cierto. El pastel que había preparado la abuela para mí había sido lo más rico que yo había probado jamás. “Ven conmigo a la cocina. Preparemos uno igual, ¿quieres?”, dijo la abuela. Y yo, encantada, acepté.

Cuando terminamos, tomamos té para acompañar el delicioso postre y platicamos durante horas. La noche empezaba a caer así que me despedí de ella, le di un beso, un abrazo y le agradecí, como siempre, los momentos que pasamos juntas.

La abuela le llama “Pan de mantequilla de maní”. Yo más bien considero que es un brownie de crema de cacahuate. ¿Se les antoja? ¡Les traigo la receta! Además, está súper fácil de hacer y los ingredientes los pueden encontrar en cualquier tiendita. ¡Ojalá que les guste tanto como a mí!

Brownie de crema de cacahuate.

Ingredientes:

  • 1 taza de harina.
  • 1/4 de taza de azúcar mascabado.
  • 1/4 de azúcar normal.
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla.
  • 1/4 de taza de crema de cacahuate.
  • 2 huevos.
  • Una pizca de sal.
  • 1/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio.
  • 1/2 taza de nueces picadas (opcional).

Preparación:

Cernir los ingredientes secos (harina, azúcar mascabado, azúcar normal, sal y bicarbonato de sodio) en un bowl, y mezclarlos. A parte, en otro bowl, mezclar la crema de cacahuate con la vainilla y los huevos.

Añadir esta mezcla al bowl de los ingredientes secos e incorporar hasta tener una mezcla uniforme (si deseas, añade en este momento las nueces picadas). Precalentar el horno a 180ºC, engrasar y enharinar un molde para hornear. Colocar la mezcla en el molde y hornear por 25 minutos a 180ºC (350ºF). Deja enfriar, espolvoréalo con azúcar glass, córtalo en cuadritos ¡y listo! Disfruta este rico postre con tu familia, amigos o novio. ¡Les va a encantar!